Una de las figuras más importantes en nuestras vidas son nuestros abuelitos. Con su sabiduría y amor nos guían, enseñándonos el valor de vivir cada día de la mejor manera. Sin embargo, en muchas ocasiones son ellos quienes se ocupan de toda la familia y no siempre le dan prioridad a su propio autocuidado. El autocuidado no tiene edad. No significa únicamente tomar medicamentos o llevar una alimentación saludable; también implica atender nuestras emociones, pensamientos, relaciones y espíritu. Es aprender a escuchar lo que necesitamos y darnos permiso para descansar, pedir ayuda, expresar lo que sentimos o simplemente regalarnos un momento de calma. Cuidarnos es una manera de honrar la vida y reconocer que nuestro bienestar físico, mental y emocional merece atención en todas las etapas. En la tercera edad, solemos pensar que ya es tarde para cambiar, pero la realidad es que siempre podemos aprender nuevas formas de sentirnos bien y acompañar nuestro día con hábitos que nos fortalezcan. 

Según el Censo de 2023, en Puerto Rico el 31% de la población está compuesta por personas mayores de 60 años, lo que nos posiciona como una de las poblaciones más envejecidas en comparación con otros lugares. Este dato refleja un envejecimiento acelerado, que trae consigo importantes retos sociales, familiares y de salud. En muchos casos, los adultos mayores no solo cuidan de sí mismos, sino que también asumen el rol de cuidadores de nietos, hijos u otros seres queridos, lo cual puede generar una sobrecarga física y emocional. Esto nos invita a reflexionar sobre la importancia de integrar el autocuidado en la vida cotidiana de la población envejeciente, reconociendo que quienes cuidan también necesitan ser cuidados. Promover espacios terapéuticos, comunitarios y educativos enfocados en el bienestar integral es esencial para que nuestros adultos mayores puedan mantener su calidad de vida, fortalecer sus emociones y seguir aportando desde un lugar de equilibrio y amor propio. 

En la tercera edad, solemos pensar que ya es tarde para cambiar, pero la realidad es que siempre podemos aprender nuevas formas de sentirnos bien y acompañar nuestro día con hábitos que nos fortalezcan. Algunos ejemplos sencillos de autocuidado en la tercera edad son: dormir lo suficiente para recuperar energía, tomar agua con frecuencia, conversar con alguien de confianza, caminar o realizar ejercicios suaves como yoga en silla, y aprender a decir “no” cuando algo nos sobrepasa. Cuidarnos es una manera de honrar la vida y reconocer que nuestro bienestar físico, mental y emocional merece atención en todas las etapas. Para los terapeutas que trabajan con personas mayores, es esencial enseñar el autocuidado desde la sencillez y la accesibilidad. Podrías explorar integrar ejercicios de respiración consciente y yoga en silla, que fortalecen el cuerpo sin exigir demasiado esfuerzo físico. También es importante fomentar rutinas diarias, como mantener horarios regulares de comida y descanso, hidratarse con frecuencia y reservar momentos de calma. Además, promover un lenguaje interno positivo fortalece la motivación para cuidarse. No hay que olvidar la relevancia de pedir ayuda y de mantener conexiones sociales, ya que el autocuidado es tanto individual como relacional y comunitario.

Finalmente, el autocuidado no tiene por qué ser complicado; son las pequeñas acciones repetidas cada día las que generan bienestar. Este enfoque sencillo y holístico facilita que las personas mayores mantengan su autonomía, su vitalidad y su calidad de vida, recordándonos que cuidarse es también una forma de amarse y honrar la vida en cada etapa. Algunas recomendaciones prácticas de autocuidado son: 

  • Ejercicio suave y regular
    • Caminar entre 10 y 15 minutos al día, preferiblemente en la mañana o tarde.
    • Practicar yoga en silla para mantener movilidad y flexibilidad sin esfuerzo excesivo.
  • Alimentación balanceada
    • Mantener horarios regulares para las comidas.
    • Incluir frutas, vegetales y granos integrales diariamente.
    • Beber agua con frecuencia, incluso si no se siente sed.
  • Descanso reparador
    • Acostarse y levantarse a la misma hora cada día.
    • Evitar pantallas brillantes antes de dormir.
    • Relajarse con respiración profunda o lectura ligera.
  • Bienestar emocional
    • Realizar actividades que generen alegría: música, manualidades, lectura o juegos de mesa.
    • Conversar con alguien de confianza sobre lo que se siente.
    • Escribir pensamientos o agradecimientos en un cuaderno.
  • Relaciones sociales y apoyo
    • Mantener contacto con familiares, amigos o grupos comunitarios.
    • Participar en clubes, talleres o actividades de iglesia.
    • Pedir ayuda cuando sea necesario, recordando que cuidarse también implica dejarse cuidar.
  • Espacios de calma y espiritualidad
    • Dedicar algunos minutos diarios a la meditación, oración o contemplación de la naturaleza.
    • Practicar pausas conscientes con respiración profunda para reducir el estrés.
  • Chequeos médicos y cuidado preventivo
    • Asistir a visitas médicas regulares.
    • Cumplir con los tratamientos indicados.
    • Consultar antes de realizar cambios en dieta o iniciar nuevos ejercicios.

Y si esto te llamó la atención, te invito a realizar algunas de estas acciones de forma consciente. Verás que tus días se sentirán diferentes.

Por: Amayris Rodriguez

Mentora en Bienestar Holístico & Psicológa Clínica en Formación


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